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sábado, mayo 03, 2008

Gira destino que este es un circulo de tres

El despertador marcaba las 2 de la madrugada y no era su timbre el que sonó, llamaban a mi puerta. No me disgustó que vinieran a esta hora, ni siquiera podía dormir, pero cuando pacto un horario me gusta cumplirlo y si era ella estaba llegando con 5 horas de retraso.
Mientras caminaba hasta el portero para atender, me iba vistiendo un camisón de seda, ya que desde que vivo sola, hace 8 años, no acostumbro a dormir con ropa alguna, por el solo placer de ser tal como se es en la (mi) fase tangible.
No sabía si esta vez era la que debía enojarme o si, como tantas otras veces, desvanecer mi intento en un estúpido esfuerzo que terminaba siempre en ese mismo lugar.
Evidentemente era ella, Estefania Onires, que en este momento estaba subiendo en el ascensor. Mientras tanto yo dibujaba y borraba en mi mente distintas formas de enfrentarla por su falta de respeto, no por sus 5 horas de retraso, si por su falta de ética al faltar a su palabra, pero yo tenía una mezcla de bronca con cariño que no me dejaba ser muy objetiva, el amor siempre tiene puntos a su favor y desdibuja lo que este rencor ni se decide a hacer. Siempre fue confuso lo que sentía...
Hace cuatro años y luego de rastrear su cuenta de internet, logré ponerme en contacto con ella. Antes de conocerla en persona, de mi se desprendía el mayor de los odios, porque yo sabía que al hombre que anhelaba, había amado desenfrenadamente a una mujer y esa mujer era la rubia de ojitos grises y tiernos, mejillas ruborizadas, de no más de 1,60 mts. que emanaba de sus poros el perfume de la alegría y una esencia que seducía hasta el ruego por la presencia eterna. Delicada hasta en las palabras que escupía con rencor, composición armoniosa de mirada seductora y besos amenazantes. Ella era esa mujer que en este momento estaba ingresando a mi departamento.
En mi intención de acercarme o quizás solo de conocerla un poco había un fin, pero el resultado fue muy distinto a lo que yo esperaba. Mi intención no transgredía el límite de obtener un poco de información acerca de cómo era ella, necesitaba complacer mi obsesión de estar con Facundo Strong y para ello debía saber que era lo que lo había llevado a amar a Estefanía, creía que si tenía al menos algunas de las características de ella, Facundo pudiera amarme, e incluso olvidar a esta ex novia, ya que las cosas se olvidan más fácil cuando no se tiene el permanente recuerdo de un anhelo y yo cubriría la necesidad de ese deseo.
Luego de cerrar la puerta nos dimos un beso, como siempre, solo que esta vez aparto su boca de mis labios y dio unos pasos dándome la espalda. Algo había sucedido, algo que por esa actitud me involucraba, pero de lo cual yo no estaba enterada.
Hubo un pequeño silencio, pero mi cabeza lo rebatió con un gran bullicio de posibilidades que iban y venían tratando de entender que era lo que sucedía...
No era la primera vez que acontecía algo parecido. La primera vez la odie tanto más de lo que lo hacía antes de conocerla (quizás porque antes de conocerla solo la envidiaba, ahora también la quería). Es que cuando conocés a alguien y te habitúas a querer sus cosas, su persona, su ternura, su ser... su esencia, es más fácil llegar a odiar. Pero como dije antes, mi experiencia me enseñó que el amor le gana las guerras al odio y había en ella una esencia que me hacía quererla, no se si fue esto o el fin que perseguía al principio pero en definitiva, la perdoné.
Rompiendo el silencio que nos distaba y suponiendo que lo que yo pensaba era lo que sucedió, dije:
--Venís de ahí, ¿no?
--Si --respondió dejando un eco silencioso en el vacío de este espacio carente de ruidos.
--Me lo imaginaba --pronuncié irónicamente cuando en realidad me moría de celos y no precisamente por ella.
--Es que me llamó y estaba angustiado, muy mal... vos lo conocés y sabés como es Facundo cuando está en ese estado, aunque no quieras te convence y vas. A pesar de todo yo lo aprecio y estoy segura de que si te llamaba a vos seguro que pasaba lo mismo.
Y eso era evidente pero no podía hacerlo explícito, además ella ganaba en posibilidades de recibir esos llamados, pero disuadiendo su pregunta se la rebatí con otra:
--¿Te acostaste con él?
--¡¿Pero que me preguntas?! Sabes que te amo a vos.
Y si era evidente, se había acostado con él, no era necesario preguntarlo, cuando yo estaba en el lugar que ella había ocupado hoy también ocurría lo mismo. Todo era inevitable. Por más empeño que pusiéramos, su seducción era más fuerte (o quizás, en realidad, era el amor que le teníamos).
--¿Me perdonás? --lo dijo en realidad como una costumbre que teníamos, siempre después de esto todo quedaba solucionado.
Como también era de presuponer, terminamos en el lugar de siempre, ese que yo había abandonado cuando sonó el timbre.
Los giros que tiene la vida son asombrosos. Dos mujeres enamoradas de un mismo hombre. Un hombre que amaba a dos mujeres. Dos mujeres que permanecían juntas solo porque ninguna alcanzaba el mérito necesario para estar con ese hombre. Un hombre que había decidido a quien amaba y a quien estimaba de esas mujeres, pero que no quiso decírselos tan solo por no interponerse en ese amor y nunca se dio cuenta de que en realidad todo era una falsa y absurda ficción, que dos mujeres se armaron (quizás sin pretenderlo conscientemente) para poder amar a ese hombre deseado.



Este cuento lo escribí en agosto de 2004, es un poco viejo, pero sólo estaba juntando polvo. Así que lo comparto con uds. Asumo que me tomó bastante tiempo decidir si lo publicaba o no.

2 comentarios:

Gisela Leites dijo...

no sé por que la página está empeñada en que desaparezcan las sangrías, nada más contarles.

Carlos Alberto Arellano dijo...

Gisela:

Muy bueno. Realmente bueno. Lo leí tres veces. Me pareció estar viendo una película en un cine de barrio de mi adolescencia en Mendoza, un sábado o un domingo por la tarde, durante las vacaciones de verano. Muy bien escrito. Más o menos por la mitad (más bien cuando la mujer está subiendo por el ascensor) me provocó angustia. Pensé que algo malo le iba a pasar a esa mujer, totalmente desconocida para mí, que estaba llegando a su cita con retraso, con varias horas de retraso. Su clima de ensueño (así lo sentí yo, por lo menos) me hizo pensar en algunos cuentos de Ray Bradbury. Me hizo pensar también en el prólogo de Jorge Luis Borges para Crónicas marcianas. Y en el prólogo de Borges para El Hacedor. (A Leopoldo Lugones.) Y en el maravilloso clima de soledad y sensualidad de una película dirigida por Dennis Hopper, cuyo nombre no recuerdo en este instante.

Gisela: ¿Por qué no tienes un contador de visitas? Si yo no tuviera un contador, pensaría que nadie o muy pocos me están visitando. Me gusta el movimiento y las banderitas del FREE NEOCOUNTER. (Aunque, últimamente, me lo sacan varias horas al día. Ignoro por qué. Tal vez porque es la versión gratuita. No lo sé.)

Creo que lo mejor es poner dos contadores desde el principio. Para mí ya es tarde, (Uno estaría en cero y el otro en 5500.) Pero tú sí puedes hacerlo. (Encontrarás en Internet direcciones de otros contadores gratuitos.)

Veo que tampoco estás en VERVE Earth. Has clic en el VERVE de mi blog y mira qué pasa.

Posdata: Los interiores del blog, allí donde se cuecen algunas entradas en su propio jugo, me recuerdan (a veces) a una yunta de caballos fuera de control.

¡Que sigas bien!